·Favorece la consolidación de élites y burocracias políticas y económicas.
·Erosiona la credibilidad y legitimidad de los gobiernos.
·Reproduce una concepción patrimonialista del poder.
·Reduce los ingresos fiscales e impide que los escasos recursos públicos coadyuven al desarrollo y bienestar social.
·Permite la aprobación y operación de leyes, programas y políticas, sin sustento o legitimidad popular.
·Revitaliza una cultura de la corrupción y contribuye a su proliferación.

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